
Su formación consta del estudio de grandes cantidades de libros relacionados con investigaciones previas; conocimientos de historia y prehistoria, geografía y geología, zoología y paleontología, botánica, estadística, entre otras. También se debe realizar tareas de recogida de datos y análisis en laboratorio. Un arqueólogo debe saber escribir correctamente para poder exponer toda esa información que extrae de los restos arqueológicos y sus contextos. Pero lo que define por excelencia a un arqueólogo es su particular metodología: el trabajo de campo.

Una vez que se identifica un sitio arqueológico se procede a realizar una excavación arqueológica. Aquí un grupo de personas trabajan horas, días y hasta años para poder extraer la mayor cantidad de restos arqueológicos, a través de técnicas muy precisas.
Luego se realiza un análisis de los restos y la datación (fecha) del sitio. En el laboratorio se limpian y clasifican los materiales. Podemos encontrar materiales realizados en piedra, cerámica o material óseo, entre otros. Podemos encontrar también, resto de fogones, construcciones, regadíos, evidencias de consumo de plantas y animales. Esta información se describe con mucho cuidado generando así un registro de datos del sitio arqueológico.

Autora: Diana Ramos
Artículo de la Revista Cultural Mito, 14 de noviembre de 2013
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